Una y otra vez

16.11.12 § Deja un comentario

Desde que se fue la tía, volvió la angustia en cantidades mayores de lo que venía hasta ese entonces. El vacío es más grande, volví a caer un poco más otra vez.

La extraño mucho, extraño escucharla, verla sonreír, contarle de mi vida y sentir que alguien realmente me escucha y me entiende. Me daba pena verla tan caída, pero ninguna de las dos estaba bien desde que Papá se fue y de algún modo nos conteníamos mutuamente. Yo sentía que podía protegerla y animarla un poco y ella me devolvía un poco de paz al mismo tiempo. Han sido dos años muy duros, de intentar sacar fuerzas desde donde no las tenía tantas veces. Me costaba ir a verla porque me dolía verla así. Cuántas veces salí de ahí llorando sin poder parar por la calle, sintiéndome sola en el mundo y con una angustia que me desbordaba y no podía ya contener de ninguna forma.

Y esto no hace más que revivir la ausencia de Papá, lo extraño tanto, tanto, tanto, que no puedo ni explicarlo. Me hace mucha falta. Sé que está conmigo, está en mi, pero de una forma tan difícil de entender y sentir, desde un lugar tan etéreo para este mundo tan físico. Cuánto me gustaría poder abrazarlo y sentirme contenida en ese abrazo, volver a sentir que alguien me entiende, que alguien me apoya en cada momento, que me protege y me cuida.

Sin embargo, aquí estoy sola en entre estas paredes que no hacen más que recordarme el vacío. Pero tengo que aceptarlo, por más que duela, el problema es cómo se logra eso.

La vida se vuelve tan básica al fin de cuentas y hay tan pocas personas con las que se puede contar que me dan ganas de llorar. Vivimos en un mundo lleno de egoísmos, cada día más individualista, cada día menos solidario. Un mundo que nos absorbe con tantas pavadas y banalidades de las que seguramente no tomamos consciencia. La era de las comunicaciones donde justamente lo que falla es la comunicación personal y sincera entre dos personas, donde reina la mentira, la hipocresía y el egocentrismo.

Quizás sea un poco negativo, quizás siempre fue así y yo no lo veía, o no lo quería ver. Pero no deja de darme lástima como se han perdido tantos valores.

Casi un mes

07.10.12 § Deja un comentario

Quisiera no llorar estas lágrimas, una y otra vez. Quisiera callar mi alma y esconder en su fondo tanta tristeza, tanta impotencia, tanto dolor que siento. Y a veces lo intento, hasta creo que funciona, hasta que en algún momento al azar, todo vuelve a la superficie. 

La muerte me ha mostrado su cara otra vez y uno en su intento de seguir, lo tapa, lo calla, lo esconde, no lo cree real, aunque sabe perfectamente que lo es.

Mi tía ya no está en este mundo. Los fines de semana son raros desde entonces. Siempre pienso en ir a verla al geriátrico, como si estuviera allí. Y cada vez que eso pasa, vuelvo a darme la cabeza contra la pared. ¡La extraño tanto! Se fue otra de mis grandes compañeras de la vida. Y nada podrá llenar ese vacío.

Tenía en mis planes devolverle tantas cosas aún, tanto que me ha dado… pero el tiempo me dejó con las ganas. No hace mucho tiempo atrás, le había contado que Carlos se iba a casar. Me acuerdo su emoción, cuánto quería estar en ese momento. La había convencido de llevarla a la peluquería y a la modista para hacerle un traje lindo para ese momento tan especial. Tanto ella como yo, al enterarnos de la noticia, nos amargamos al pensar que Papá no iba estar para verlo. Y ahora todo quedó en la nada. Ella tampoco llegará a verlo.

Unos días antes de su muerte, estábamos con Carlos esperando a la ambulancia, él sentado en la cama de al lado, yo arrodillada sobre la cama de la tía, conteniéndola. En un momento le dije a la tía que tenía que ponerse bien para ir al casamiento, me di vuelta para ver la cara de mi hermano y tenía lágrimas en los ojos… Me partió el alma al darme cuenta que ambos estábamos viendo lo mismo. Ambos la vimos muy mal, como presintiendo lo que iba a pasar unos días después. Era la cara de la muerte.

Y a pesar de sus 84 años y el desgaste de la vida y de la edad que llevaba consigo, seguía siendo la misma. A pesar del cansancio y de la tristeza de haber perdido a sus hermanos uno tras otro, seguía siendo mi compañera, mi madre en tantas cosas, los oídos para todas mis historias, siempre preocupándose más por mi que por ella.

Unos días antes de su muerte, cuando estaba en el hospital, reencontré su lunar en la mejilla y recordé esos momentos de la niñez cuando tocábamos el lunar y decíamos “riiiing”. Y volví a hacerlo. Una sonrisa profunda y sincera, se dibujó en su cara, mientras mantenía los ojos cerrados. Ella también había reencontrado esos momentos en los recuerdos.

Aún me parece mentira que ya no esté, me parece mentira cómo ha pasado el tiempo, cuánto he perdido en los últimos años. La familia que llevaba mi apellido ya no está, sólo me queda mi hermano. Y de algún modo, vuelvo a sentir esa misma soledad que antes. Me quedaron mis dos pies, para apoyarme en ellos. Me quedé conmigo misma, otra vez. Me siento perdida, otra vez.

Un nuevo adiós

11.09.12 § Deja un comentario

Y ayer, una vez más, me tocó decir adiós. Mi tía dejó su cuerpo y volvió a la casa del Señor, el 09 de Septiembre. 

Me duele mucho pero también es un alivio saber que ahora está mejor, en paz y en compañía de sus dos hermanos, que tanto extrañaba, y de tantos otros seres queridos que también se han ido de este mundo.

Me quedo con tantos recuerdos compartidos de la niñez y de los últimos años. Me quedo con su buen humor, con sus chistes y sonrisas, con su entrega total y su amor de madre que siempre me brindó sin esperar nada a cambio.

Es y será otro de los grandes ejemplos y pilares de mi vida y el motivo para hacer las cosas bien en su honor, como ella me ha enseñado. 

Ti, esto no se termina aquí, la vida es sólo un paso y ya nos reencontraremos nuevamente. Que Dios te tenga en su gloria y que estés en paz y feliz eternamente, como te merecés. Te amaré por siempre y estarás siempre conmigo.

Día del Padre

17.06.12 § Deja un comentario

Hoy es el día del Padre y una vez más, luego de pasar días tratando de creerme que no me afectaría tanto, aquí estoy desvelada y pensando en mi papá.

Vuelven los recuerdos y la nostalgia. Quisiera poder sentirme de otra forma, quisiera no seguir llorando, me preguntó hasta cuándo me sentiré así. Me cuestiono si no estaré siendo muy negativa, si no debería sentirme feliz de haber sido tan agraciada por el padre que me tocó. Y siempre pienso que mi tristeza es proporcional a todo el amor que tuve y tengo por él. Que mis lágrimas son interminables porque así de infinito era el amor que nos teníamos. Ahora resulta tan etéreo…. no termino de comprender. La razón no sirve de nada en esto, el corazón llora, sin cansancio ante su ausencia física.

En poco más de un mes se cumplirán dos años de su partida de este mundo y la desolación no me dejó desde entonces. La ausencia, el desamparo, la soledad. Cómo ha cambiado mi vida. 

Sé que tarde o temprano esto pasaría, no me imaginaba en ese entonces cómo sería mi vida sin él, pero aquí estoy, enfrentándome al miedo más grande que siempre tuve. Y a pesar del dolor, creo que lo llevo bastante bien. 

Hoy rezo por vos, Pa, y por nosotros que quedamos aquí. La vida no es nada fácil sin tu apoyo, sin tu cariño y ternura, sin tus palabras, abrazos y muestras de cariño. Pero sé que estás conmigo, desde donde estés. Estás en mi, en tantas cosas que me has regalado y estoy tan agradecida por eso! Hubiera dado la vida por vos, por evitar que pasaras todo aquello que pasaste esos 97 días, me hubiera gustado poder hacer algo para ayudarte y juro que jamás sentí tanta impotencia en mi vida al verte así y sentirme tan inútil. Perdí el sentido de la vida en el camino, una parte de mi se fue con vos… me perdí. 

Gracias por haberme dado tanto y haberme amado tanto. 

Feliz día, Papá. Te amaré por siempre.

Las Fiestas

31.12.11 § Deja un comentario

Llegó esta época del año en el que las familias se reúnen a festejar el nacimiento de Jesús y luego para despedir el año y darle la bienvenida al nuevo que comienza.

Esa es mi percepción. No sé si realmente muchos lo creen así o si es un motivo para reunir a la gente tan sólo porque tiene un lazo familiar aunque el resto del año no hablen tan sólo una vez. O no llamen para ver cómo estás o si necesitas ayuda o pedírtela. Nada.

El año pasado, el primero sin mi papá, lo pasé con la gente que quiero, que me acompañó, que podía entender mi dolor, aunque sea en parte. Este año las cosas cambiaron, cada cual eligió lo que creyó mejor, nadie pensó en los otros, al menos así fue la Navidad. Y lo acepté, aunque me hubiera gustado algo diferente. Para fin de año, la perspectiva es la misma. El egoísmo y la poca falta de un sentido de un momento de sinceridad con los verdaderos afectos mandan. Y yo no quiero ser parte de eso. No me da la cara para ir a una reunión familiar con gente que está más lejos de mi vida que un desconocido. De qué sirve estar en una mesa en la que no querés estar con gente que no te importa y con la que claramente no te une más que un lazo familiar forzado? Lo lamento por mi mamá y por mi hermano, pero ellos accedieron a esto también, sabiendo lo que siento. Lo hablé con mi mamá hace más de un mes, dándole mis razones por las que no quería pasar las fiestas con su familia. No le importó.

Y calculo. entonces, que no iré aunque también me cuesta por ellos. Pero es tan solo una noche, un año nuevo más de tantos, una cena más de tantas que pasamos juntos durante el año. Necesito cuidar mi paz y mi tranquilidad física y mental. Ser coherente con lo que siento. No estoy obligada a tener que poner la cara de póquer frente a nadie, a esta altura de la vida y después de tantos momentos que pasamos. Aceptar que es una fecha difícil porque obviamente me recuerda la ausencia de mi papá y me llena de angustia, y no cualquiera puede entenderla. Ni tampoco pretendo que los demás lo vivan como yo, y justamente por eso guardo mi dolor para quienes creo que pueden acompañarme en este tramo de la vida.

Uma duerme sin entender nada, sin escuchar mi llanto silencioso y la angustia que me desborda. Pero está a mi lado igual, sin condiciones. Y parece increíble, pero su compañía ha sido un gran apoyo para mi este año en que me quedé sola en esta casa. Me ayudó a seguir adelante, a tener un motivo para volver a casa todos los días, me hizo amarla cada día más, viéndola crecer, enseñándole cosas, alimentándola y mimándola día a día. Le trajo un poco de calor y amor a esta casa, me motivó a empezar a armar mi lugar en serio, a darle a estas paredes un sentido de algo propio, aunque todavía falta bastante y estoy bastante lejos de donde me gustaría estar. Pero mientras tanto, este es el camino. 

 

 

Se va el 2011, …

29.12.11 § Deja un comentario

Se va el 2011, es la época de las Fiestas y es el momento del año que quisiera pasar por alto, al menos en parte. 

Pasaron 5 días del día en que mi papá hubiera cumplido 76 años. Cuánta desolación otra vez, esa punzada en el corazón que me parte por dentro. Y otra vez me quiebro, aunque sigo en pie. Otra vez sigo sin entender, me enojo con la vida, aunque sea por un instante y digo: “la puta madre” con todas mis fuerzas. Recuerdo otros años en que él estaba en este mundo, recuerdo como los 24 de diciembre me despertaba para ir a saludarlo y pasábamos el día juntos, preparándonos para la Nochebuena. Y todo eso ya pasó, no hay vuelta atrás, por más que llore y patalee. Nada me devolverá a mi viejo y eso me desola.

Lo extraño tanto que no podría explicarlo con palabras ni de ninguna forma. Me hace tanta falta…! Y por más que los meses pasen, aún no termino de digerirlo y no sé cuánto tiempo más me llevará o si alguna vez lo lograré. Uno se trata de sumergir en el presente, en los que están, en la vida de hoy y así continuar, de alguna forma. Eso me permitió levantarme cada día luego de su muerte y volver a intentar construir algo con mi vida, a pesar del dolor que me desgarra por dentro. 

Espero ansiosa el día en que vuelva a encontrarte, Pa. Y aún así, estaremos juntos siempre, más allá de esta vida y de la muerte. En el cielo o en la tierra. Gracias por haberme dado tanto, recuerdo cuando decías “yo daría la vida por vos, Carito” y cuántas veces me hubiera gustado devolverte el gesto y evitar que estuvieras en esa cama, en coma, más del otro lado que de éste y viéndote irte, lentamente, día a día, sin saber qué hacer, cuando las palabras ya no tenían sentido y cuando ya no podía disimular el dolor que me partía. 

Más allá del dolor, doy gracias a Dios por haberme regalado un padre tan excepcional, por tanta generosidad y bondad, por tanto amor y pureza del alma que tenías y me transmitiste, por todo lo que me has enseñado que es mucho más de lo que crees, por haberme amado, desde antes de conocerme. No me alcanzará la vida para agradecerte por tanto bien que me has hecho. Te amaré por siempre y estarás siempre conmigo, en cada paso de mi vida.

Un año ya

22.07.11 § Deja un comentario

Se fue un año ya desde que partiste de este mundo y aún sigo sin poder comprenderlo del todo. Cuánto dolor causa la pérdida de alguien que uno amó tanto…

Quisiera poder dejar a un lado mi dolor, durante estos meses lo logré algunas veces, pero hoy es difícil. Las palabras sobran, los recuerdos vuelven, algunos de los lindos pero también aquellos meses tan dolorosos que pasé mientras él estaba luchando por su vida en el hospital. Dicen que cada uno vive el dolor a su manera y la mía es un subibaja, este día quizás es de los que están abajo pero sé que vendrán otros donde volveré a salir adelante.

Qué difícil es a veces, por más que intente disimular y continuar, por más que sé que mi papá no quería más que verme feliz, también sé que él entendería mis lágrimas y mi angustia y que en vez de decirme que deje de llorar, me abrazaría y me acompañaría en el dolor.

Trato de estar en paz conmigo misma, es una de las pocas cosas que me sostiene ahora. Saber que hice todo lo que pude, aunque cuántas veces me cuestioné si realmente era todo lo que pude o podría haber hecho más. Qué impotencia siento al darme cuenta que el tiempo que teníamos juntos se terminó y ya no puedo volver atrás ni remediar nada. Se terminó, casi de un plumazo.

Y nunca es suficiente, nunca alcanza y calculo que en algún momento la resignación ganará la batalla. Lograr que el corazón se libere de la angustia que todo esto produce, aunque sea un poco y de a poco, como fue apagándose la vida de mi papá, mi esperanza lo hará también.

Mi papá siempre me decía que iba a estar conmigo siempre y necesito aferrarme a esa idea con todas mis fuerzas y encontrarlo de algún modo, ahora que ya no está físicamente. Es una tarea ardua y no deja de recordarme su muerte y el dolor previo y posterior a ese instante. Pero la vida sigue, mi vida sigue y tengo un camino por delante.

Cuando mi papá estaba en sus últimos días, ya en coma nuevamente, trataba de entender cómo seguía con vida y porqué, ¿qué sentido tenía vivir postrado en esa cama si no iba a recuperarse? ¿Qué sentido tenía para mi verlo así y no poder hacer nada? Iba a verlo, como todos los días, revisaba que los tubos estuvieran bien, que no se ahogara con esa bendita traqueostomía, le ponía perfume, miraba cómo estaban sus escaras de los talones y no podía creer cómo era posible tener tanta lastimadura por no moverse, le daba un beso y le hablaba aunque no sabía si me escuchaba hasta que llegaba un momento en que ya no podía seguir hablando y me largaba a llorar, sin poder parar, me caían las lágrimas y lo abrazaba de nuevo. Y así me quedaba sin saber qué hacer, pensando cómo hacer para soportar verlo así. Llegué a pensar que no se iba por algún motivo, porque quizás se daba cuenta que yo estaba muy triste y desolada y que no podía dejarlo ir. Así que un día fui y después de mi rutina diaria, corrí la baranda de la cama, me senté a su lado y de algún modo, me despedí, entre lágrimas. Le agradecí por haber sido el mejor padre que Dios pudo haberme regalado, por todo lo que había hecho por mi a lo largo de mi vida, por haber sido el mejor ejemplo para mi, le prometí que íbamos a solucionar los problemas que habían quedado y le pedí que no tratara de quedarse por eso, que si tenía que irse, que se fuera, que nosotros íbamos a amarlo siempre y que íbamos a estar siempre juntos. Quería hacerle creer que realmente me estaba despidiendo, aunque en verdad no podía hacerlo, pero lo intenté.

Y después de tanta lucha, en el día que menos lo esperaba, pasó. Estaba en el trabajo, eran las 18.50 y estaba por empezar a guardar mis cosas para ir al hospital, como todos los días durante esos 97 días. Sonó el teléfono y me dieron la noticia, le pedí a la Dra. que llamó que me repitiera porque pensé que había escuchado mal y me lo confirmó, instantáneamente se me aflojaron las rodillas y me caí al piso en medio de los llantos y gritos, repitiendo “no, no, no”. Estaban algunos de mis compañeros que se dieron cuenta y vinieron a abrazarme. Luego llamé a mi mamá para darle la noticia y después a Andi. Me fui directo al hospital, corriendo, tomé un remis y me encontré allá con mi hermano, José Antonio y Andi. Fuimos a su habitación y allí estaba, pálido, inmóvil, frío. Se había ido. Esas fueron las horas más difíciles de mi vida, sentí un desarraigo total, una soledad infinita. Nos quedamos un rato con él, rezando a su lado, le di un beso en su frente fría y no sé cuánto nos quedamos, pero ya mi alma no soportaba más. Creo que fuimos con Carlos a hablar con la Dra. que estaba en ese momento, para preguntarle los detalles sobre sus últimos momentos y para escuchar cosas como que no había sufrido. Pensar que tantas veces durante ese tiempo me preguntaba a mi misma si quería estar presente cuando muriera o no, y me daba miedo. Creo que fue mejor no verlo, no lo sé, pero no sabía cómo iba a reaccionar. Un día se había atragantado con su propia saliva, se puso todo rojo y yo salí corriendo a llamar a la enfermera, me asusté muchísimo. Sabía que iba a pasar, tarde o temprano, pero igualmente me aterraba.

El tiempo pasó, 12 meses ya, pero aún todo parece como si hubiera pasado ayer. La casa está vacía, sólo quedé yo ahora y la ausencia se hace más visible y profunda. Sus cosas están casi como las dejó aquel 17 de Abril en que se cayó, no tuve fuerzas en este tiempo para sacarlas. Ya llegará el momento.

Cuánto te extraño, Pa. Que Dios te tenga en su gloria.

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